miércoles, octubre 05, 2005

Redacción: Mi primer día en transporte público.



(la noche antes)
Le pregunto a mi costi que a qué hora suena SU despertador y le digo que me viene bien para levantarme. No sé por qué no pongo mi radio, decido que prefiero que me despierte él.

lalalala emeochentaaaaaa (sonido de MI radio-despertador)
Pero pero... pero qué hora es... Mierda, bueno, tiene arreglo: si no me ducho, no desayuno, no me despierto y me tiro por la ventana con el pijama puesto, a lo mejor llego a coger el tren.

El complementario ve que resucito y me empieza a hablar. No tengo ni idea de lo que me dice. Con la única neurona que tengo medio grogui consigo articular un desmañado "fe".
Y cuando vuelvo a despegar un ojo, tengo una taza de café al lado.

blablablablabla (el complementario hablando)
Considero durante una fracción de segundo la posibilidad de cometer complementaricidio, pero descarto rápidamente la idea: con mi sueldo no llego yo sola para la hipoteca. Además, para hacerlo tendría que abrir el otro ojo y, por lo menos, levantar un brazo o algo.

Habrá que coger el coche. Definitivamente, mañana empiezo a usar el transporte público. En el monedero tendrá que seguir esperando su oportunidad mi flamante abonoglogló rojo.

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