miércoles, octubre 19, 2005

La felicidad II

La felicidad es redonda y tiene un agujero en la panza.

Hace crunchi crunchi con cristalitos de azúcar en el paladar, hace llorar a las piedras, lubricarse los desiertos. Hay que cerrar los ojos (condición i-nex-cu-sa-ble) o dejar de ver con ellos para concentrarse en una única visión de los sentidos. Esto último es fácil: miel dorada y tripas de algodón como tiras de papel de seda que se deshacen a la más mínima tracción.

El segundo mandamiento establece la necesidad de sujetar este cachito de gloria con dos o tres deditos mojados, ejerciendo presión suave pero firme, que luego serán convenientemente succionados, para prolongar el último suspiro de placer.


El coste de la felicidad, en este caso, se encuentra alrededor del euro, dependiendo de dónde la adquieras.

Y siempre debe ser felicidad del día y suelta por unidades, nada de paquetes, que pierde todo el crunchi crunchi y sabe distinta.

Iba a poner una foto pero... premio para quien lo adivine. Y no, no es un clítoris, como me acaba de decir Deyector.

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