martes, diciembre 13, 2005

El nudo



Un día te sientas delante de la pantalla y dices ¡zas! el síndrome ese de la página en blanco por el que tantos aspavientos hacen escritores, periodistas, etc.

Pero no, en mi caso no es la página en blanco: es el nudo. No es la inmensidad del espacio vacío: es su pequeñez. Cambiar la resolución no sirve: no hay cabida para tantas hebras sueltas.

No es que no quiera hablar de las hebras, es que son muchas y están enredadas. Es que hablar de ellas es un esfuerzo enooorme. Así es que he decidido que mejor hablar del nudo, como un pulpo seco y traicionero. Ahí, enfrente de mis ojos. Y yo palmando con las manos extendidas.

No voy a engañarme. Creo que lo que me impide desatarlo es la bocanada de pánico de que en el fondo no haya nada que merezca la pena. Y es muy duro caer al vacío o, lo que es peor, ni siquiera caer.

Por eso hablo del nudo. Ahí queda expuesto. Aquí queda clavado como una mariposa de coleccionista, es lo más cruel que puedo hacerle. Miradlo ¿no es bonito?

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