domingo, septiembre 11, 2005

Adictos a la lujuria



Adoro a Tim Burton sin remedio. He visto mil veces Pesadilla antes de Navidad y eso sólo contando la versión en español, estoy intentando hacerme con todas sus películas, tengo casi toda la colección de Tragic Toys salidos de La melancólica muerte de Chico Ostra, etc. Amo a ese tío.

Y no me gustó El Planeta de los Simios (el final fue realmente un ultraje, una broma de mal gusto, al largometraje original). Pero qué maravilla coger un librillo de lo más insulso y transformarlo en Big Fish. Qué mala leche reconcentrada esos marcianos que, tras soltar un lagrimón, emocionados por el discurso del presidente de los EEUU (léase a lo Urdaci) lo dejan clavado, literalmente, con la bandera de su nación en el pecho (chapó). Qué ridículas somos las personas.




Y no es que Helenita Boham-Carter sea santo de mi devoción ni Juanito Depp mi ídolo (mmm aunque mola ese look gótico de cera y labios casi violeta) pero... ah, Tim Burton. Su sentido del humor negro negrísimo, su estética amarga y fascinante, su risa en las narices de la gente... Dios, esos muñecos tipo cortilandia-cortilandia-vamos-todos-a-cantar repelentes y edulcorados coreando "Willy Wonka, Willy Wonka..." que acaban ardiendo y voceando cual demonio carabanchelero salido de El día de la bestia. Creo que esa escena habrá hecho que a más de uno se le salten las lágrimas al ver su sueño hecho realidad: los malditos muñecos cortingleros que tanta grima dan y que debieron construirse allá por cuando Franco era corneta, de cabeza al infierno.



Acabo de llegar del cine, claro. Y como para gustos, los colores, pues vengo flipada. Y la puñetera película me ha dejado un ansia de chocolate que estoy que no vivo. El complementario dice que él no baja a los chinos y me remite a una tal Rita. A mí me puede la pereza pero ¡dios, mataría por una tableta de chocolate Wonka!

Ya lo dice el sabio Willy Wonka: el chocolate genera endorfinas, lo cual produce una sensación muy parecida al enamoramiento. Va a ser eso, lo que ya sospechaba: soy adicta al placer, y a Tim Burton.



Ay esos Parálisis Permanente...