jueves, marzo 09, 2006

Adios



No sé por qué tengo la firme convicción de que una despedida no lo es si no se verbaliza. Yo siempre pienso "hasta luego" y digo cosas como "nos veremos" y "hay más días que ollas". Porque sí, porque es así y pueden suceder mil cosas y no volvernos a ver en la vida (lo más probable) o acabar viviendo en el mismo portal.

Hoy me he marchado de un sitio en el que me encontraba realmente a disgusto desde hace más de un año. No sé por qué no he recogido la mesa por la mañana... ni tampoco por la tarde... Se han empezado a marchar los primeros y yo les decía: "hasta luego" o "hasta mañana". Y les veía marcharse con una sonrisa en los labios.

Hasta que ha llegado la primera despedida de verdad. De gente que realmente me importa. Lo he hecho muchas veces: esta es una vez más. Sonrío, abro los brazos "nos veremos", "hay más días que ollas" y entonces se me engancha al cuello y me abraza, y me susurra al oído cuánto me va a echar de menos, me desea buena suerte, me pide que llame, me dice "adiós, mi niña". Y por primera vez al despedirme de alguien, en mucho tiempo, me vengo abajo. Y no hay espacio, ni ropa, ni tiempo.

Y he comprendido, entonces, por qué había llegado la hora de marcharme y aún no había recogido mis cosas.

No me gustan las despedidas.

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