jueves, junio 30, 2005

Till de moño (y olé)


Tanto comerme el tarro, tanto comerme el tarro...
Esta foto porque me gusta y por que sí.
Son los ojos de Till Lindemann.

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Mañana vuelvo al tajo después de tres semanas de baja. Lo único positivo es que allí tienen a San Aire Acondicionado Bendito (así, con mayúsculas, como los creyentes escriben "Dios"). Y repito, LO ÚNICO.

Qué asco de calor, qué asco de curro en la quinta puñeta, qué asco de verano, qué asco de gente maleducada, qué asco.

De las tres semanas de ausencia en la que estoy segura de que me han echado tantísimo de menos como yo a ellos, me quedan dos bonitos cardenales que, cual pavo real en celo, compiten desplegando sus mejores galas cromáticas, y una flebitis en la muñeca izquierda. Tres semanas, tres vías. No está mal ¿verdad? Como consecuencia, mi contador de "madre" vuelve al cero inicial. Siga intentándolo, hay miles de premios.

Pero lo mejor de todo son los efectos "diferidos", las consecuencias que se manifiestan pasado un tiempo. Y después de la tormenta (llámese catarsis periódica, drama personal, etc) aparecen los restos en la playa. Sale el sol y allí están sobre la arena, exhibiéndose de la forma más impúdica. Una de mis revelaciones estrella ha sido el descubrimiento en mi vida de los golpeadores de pecho.

Se trata de individuos que se llenan la boca de palabras que empiezan por "a". Ejemplos son: amiga o amigo del alma, amor, ayuda, aquí-me-tienes-para-lo-que-te-haga-falta. Te soban, te babean, te estrujan, no pueden vivir sin ti (te lo dicen así, mirándote a los ojos, sin ningún empacho, con la vergüenza que me dan a mí esas cosas... ah... claro, va a ser porque cuando alguna vez las he dicho era porque las sentía). Y a ti un día se te cae ese alma de la que tanto habla al suelo (cras) y te quedas de rodillas buscando los pedacitos. Y miras hacia arriba... y una mano te ayuda a levantarte, otra te da palmaditas en la espalda (aunque eso te revienta, pero lo que cuenta es la intención) otra te cuenta tonterías y te hace reir, otra trae una escoba. Estás solo, necesitas ayuda... Pero el golpeador de pecho parece haberse desvanecido. Al principio no entiendes o no quieres entender. Luego, cuando ha pasado todo, ¡plop! ¡anda! aparece a tu lado como por arte de magia (chas) y tiene la poca vergüenza de preguntarte con tono entre dolido y enfadado, que dónde te has metido, que si no sabe lo preocupadísimo que ha estado y que esperaba noticias ya que es tan considerado que no se ha intentado poner en contacto contigo por no molestar. En ese momento le dices así, mirándole a los ojos, sin ningún empacho "vete a tomar por culo".

Y ahora, karaoke:

Se me esta acabando
lo buena que soy
y me esta llegando lo malo por dentro
yo no se matar pero voy a aprender
para disipar todo el mal
que me has hecho

[María Jiménez, Se acabó]

P.D.: Till de moño (y olé) II: el retorno, próximamente en los mejores cines.

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